lunes, 26 de diciembre de 2011

Sigo resfriada. Algunas normas de higiene.




¡Feliz Navidad a tod@s!

Como muchos me habéis preguntado si estoy mejor del catarro (que no gripe), os voy a contar como salí del trance de Génova. Estoy mejor, pero mi voz hablada sigue estando "tocada" y me sigo sonando con la alegría propia de estas cosas. Ninguna.

Como os contaba en el último post, me metí en la cama y me tomé las medicinas que me mandó el médico. Todas. Terminé ayer con el antibiótico. Y sigo tomando el mucolítico porque aún tengo ese moco espeso que no acabo de tragar nunca.

Gracias al mucolítico, en 24 horas empecé a sentir mas fluidas las mucosas y ya empecé a sonarme. La tos se esfumó asi que la cosa no bajó a la tráquea, que era mi miedo, porque si se inflama la tráquea se inflaman las cuerdas y entonces si que no es posible cantar. De todos modos me sentía embotada y me encontraba mal. A raiz de un libro fascinante que leí hace un par de años, (Joe Dispenza, "Desarrolla tu cerebro") mi actitud ante la enfermedad ha cambiado mucho. El cerebro es el que gobierna todo nuestro cuerpo sin nuestra aparente intervención, pero lo que si podemos decirle a nuestra cabeza es como pensar. Y si piensas "pobre de mi estoy malita, aaaay que malita me encuentro", pues os vais a encontrar mucho peor. Es un hecho cientifico demostrado. Nos sentimos directamente en relación con las cosas que pensamos. Me explico.

En el libro de Dispenza se explica que cada vez que organizamos un pensamiento, el cerebro produce una sustancia química. Cada vez. Y según pensemos una cosa u otra, esa sustancia varía. Esa sustancia que segrega el cerebro cada vez que pensamos (y, ¿cuántos pensamientos podemos tener al día?) varía la composición química de nuestro organismo. Y si tenemos una andanada de pensamientos repetitivos del tipo "que mal estoy, Dios mio estoy enfermo, no me recupero...." etc, nuestro cerebro produce repetidamente el mismo tipo de sustancia. Y al final nuestro organismo se vuelve adicto a esa sustancia. Y la necesita a menudo, asi que seguimos produciendo ese tipo de pensamientos de una manera automática. Esto ocurre con las personas irascibles, por ejemplo. Necesitan su "dosis" de esa sensación y buscan el modo de producirsela: se enfadan hasta con su sombra. O las personas en estados depresivos, que no son capaces de articular pensamientos agradables porque su cerebro ha recibido tantas veces la descarga que produce la tristeza que tiene literalmente el "mono" y reproduce constantemente lo necesario para que su cerebro se la suministre y poder seguir sintiéndose mal.

Pero nosotros somos realmente capaces de pensar lo que queramos, y podemos decidir no volver a tener un pensamiento "triste", "auto-destructivo", o del tipo "ayquemalitoestoy". Es como intentar comer menos chocolate. Tu cuerpo te lo pide (en realidad es el cerebro), pero si quieres, tienes la posibilidad de no comerte un trozo de la tarta de chocolate que sobró del dia de Navidad y que esá en la cocina llamándote a gritos. Somos capaces de romper la tendencia de encadenar pensamientos que nos perjudican y nos hacen sentirnos mal. Cuesta mucho, porque es una cuestión que va más allá del hecho de que te apetezca el chocolate, estas luchando con la producción de unas conexiones sinápticas determinadas.

Asi que cuando me sentía decaida y enferma, en lugar de permitir que esos pensamientos se formularan, los detenía en mi mente diciendome repetidamente:
"estas mejor, cada hora que pasa estás mejor porque estas haciendo todo lo necesario y los medicamentos estan trabajando en tu cuerpo. Vas a estar bien, te vas a recuperar y cantarás estupendamente el dia 22."
Y además me imaginaba a mi misma caminando por la calle perfectamente bien, mirando escaparates y comiendo foccaccia a manos llenas.
Esta actitud refuerza sin duda a las defensas del cuerpo que no olvidemos que son organizadas y enviadas por el cerebro. ¿quién si no? Y la cuestión es que en 48 horas, aunque seguía siendo un Manolón cuando intentaba hablar, si buscaba emitir un sonido a boca cerrada, las cuerdas se juntaban y sonaban bien. Y dos dias antes al hacer la misma prueba no producían sonido ninguno.

Me levanté de la cama después de cuatro días, para ir al teatro. La función era a las 20.30h. A las siete y diez estaba en una sala con piano viendo como sonaba la voz, probando las frases de la Musetta del 4º acto que no son tan exigentes vocalmente. Luego fui buscando las medio agudas y por fin las más exigentes. Musetta no es una parte fácil. Es más facil, si comparamos, la parte de Mimi. Su canto es melódico y legato. Se puede frasear muy bien y no tiene saltos disparatados como Musetta. También probé algunas frases de la Mimi.

Y la voz estaba ahi.
Un poco menos flexible de lo habitual, pero podía cantar perfectamente. Mis colegas de Boheme estaban asombrados. Me he visto en esta situación muchas veces ya en mi carrera. Siempre puedo cantar aunque ni pueda articular palabra. Y la peor fue una vez en Menorca con un Rigoletto en el que todos estabamos enfermos: Juan Pons, Aquiles Machado y servidora. Me levanté el dia de la función como un super-Manolón. Por la noche me canté el mejor Rigoletto de aquellos años.

Le he dado muchas vueltas al por qué puedo cantar estando totalmente tupida por la mucosidad y con la voz hablada totalmente ronca. Y es porque la voz hablada y la cantada no estan en el mismo lugar. No "resuenan" desde el mismo lugar. La conformación muscular de una y otra no es la misma. Yo canto muy, muy, muy alto. Por encima de la barrera mucosa de las fosas nasales. Ahí arriba la voz suena siempre, aunque cantes con la nariz cerrada y si me despisto y dejo caer la posición, lo noto enseguida porque el sonido no es igual; pierde brillo, y se vuelve áfono, como la voz hablada ronca.
Intento dirigir la emisión lo mas arriba posible, por encima de las muelas de la mandíbula superior. siempre con el paladar blando levantado al máximo, teneis que sentir el "tironcillo" de la zona que rodea al paladar, cómo se estira hacia arriba, hasta que la campanilla deja de verse. Si la seguís viendo es que no habéis levantado bastante, seguid practicando siempre con cariño, con suavidad, nada de movimientos bruscos ni forzados.

Canté el 22 y el 23 sin novedad. Conforme pasaban los primeros minutos de la función el día 22, la musculatura se fue calentando y respondiendo mejor. El director artistico del Carlo Felice vino a mi camerino después del 2º acto a preguntarme que tomaba para el catarro que lo quería tomar él también, jajajajajaja!
Pasé igualmente el dia 23 en cama, guardando reposo. Y no solo la voz cantada no se resintió, sino que la hablada seguía mejorando. Hoy, dia 26, sigo con mocos, la voz hablada sigue sonando "fañosa" y la cantada está ahí, tranquilamente. Ahora, sin la tensión de tener una función en ciernes, me recuperaré más aprisa.

En cualquier caso, una cosa es cantar dos funciones estando "tocada", pero no se debe abusar porque el cuerpo sigue sin estar sano y le estamos exigiendo un ejercicio excepcional a unas cuerdas que, en mi caso, han estado inflamadas y sin poder cerrar un par de días.

Saberse estudiar a uno mismo para adelantarse a un proceso catarral en ciernes, tratarse adecuadamente un resfriado y mentalizarse positivamente para restablecernos es muy importante, pero lo más importante es mantenerse sano. Y ¿cómo se hace eso?  Estando atentos a ciertas situaciones que nos rodean y que pueden ser amenazadoras. Pero sin volverse un histérico maniático de la salud, cuando te toca, te toca... aunque puedes hacer que te toque menos veces.

LAS REGLAS DE ORO DE LA HIGIENE PARA CANTANTES Y FAMILIA DE CANTANTES

*Nada de besos ni abrazos ni de apretones de manos. Cuando sabemos que estamos enfermos, cualquiera de estos gestos puede contagiar a otras personas. Seamos cariñosos de palabra, pero evitemos el contacto físico por mas que nuestro interlocutor insista en que "no pasa nada"; estas personas son las que te besan cuando ellos están enfermos porque no son conscientes de que la gripe, el catarro, etc se contagian de ese modo, dandote muchos boletos para una lotería que a ellos no les pone fuera de combate para ganarse la vida, pero a nosotros si.
Hay muchas personas que tienen un gripazo y saben que no deben besar a un cantante, pero no se retienen a la hora de besar y abrazar a nuestra pareja porque "ellos no han de cantar"; de acuerdo, concedido, ¡pero duermen con nosotros!
Si supieramos que besando y dando la mano contagiamos una enfermedad mortal, me pregunto cuánta gente seguiria haciendo caso omiso de esta facilísima precaución.
En situaciones de mucha responsabilidad (debuts o roles importantes) a veces es conveniente dormir en otra habitación si nuestra pareja está enferma. Y sobretodo si tiene tos. La tos viene acompañada de gotitas de saliva chiquititas que vuelan por el aire. Si estamos dormidos no podemos esquivar ese aire contaminado y si estamos sanos, en pocos días enfermaremos. Antes de que ocurra eso, que uno de los dos duerma en otro cuarto.

*Evitar las corrientes de aire. La mayoría de los enfriamientos entran gracias a las corrientes de aire. Evitadlas y enseñad a vuestro circulo íntimo que realmente son un problema para vosotros. Los míos las vigilan por mi y si no me he dado cuenta, ellos me avisan si estoy en una corriente de aire.

*Ojo con los aires acondicionados en Verano. El aire acondicionado (frío) afecta a las personas de distintos modos, a algunos no les causa problemas, pero lo general es que sean demoledores. El aire frío que producen las máquinas esta hecho artificialmente; es más seco que el aire frio natural y pasa a través de filtros que nunca se limpian lo necesario. Mucho cuidado con él. En los restaurantes, hoteles y otros locales públicos están estratégicamente colocados para que ningún rincón escape a sus efectos. A veces hay una zona a la que no llega de modo directo, ese sería el sitio ideal para nosotros. Aprended a localizar esos sitios.
Si vais en coche y hace calor, siempre es más sano abrir la ventanilla que poner el aire; además en un coche el aire acondicionado os caerá encima....no es aconsejable tampoco. Si es imposible evitar el aire acondicionado en un coche, abrid un poco una ventanilla para que entre aire normal, que traerá un poco de humedad.
En los aviones la humedad relativa del aire es de un 10%. Además es un aire que gira durante todo el vuelo entrando y saliendo de otra máquina. Llevad siempre algo de abrigo, aunque sea verano y bebed mucho.
En los cines, en verano se puede llegar a pasar mucho frio. Yo llevo siempre una buena chaqueta y unos calcetines gordos en el bolso: me los pongo en la oscuridad y me los quito antes de salir. ¡Ya no me enfermo en los cines! Queda un pelín cutre, ¡pero ande yo caliente, ríase la gente!

* Ir a ensayar estando enfermo. Si estais enfermos, por favor, no acudais aun ensayo. Vuestra presencia alli es una bomba de relojería para vuestros colegas. Si no os queda más remedio porque la presión que hace el teatro es insoportable, saludadlos de lejos e informad de que no estais bien. Nada de besos ni de dar la mano por favor. Aún hay demasiados compañeros que se "olvidan" de que no estan bien, y al final del ensayo se despiden plantándote dos besazos. La gente de este mundo somos de un cariñoso.... jijijiji
Si os da la mano alguien que está enfermo, no os toquéis la cara con ella, no toquéis a nadie y lavarosla cuanto antes.

*Ir abrigado cuando no es necesario. Cuando era niña estaba siempre enferma de la garganta. Mi madre me llevaba con pasamontañas a todas partes. Muy monos, eso si, pero eran pasamontañas. En Alicante (mi madre es de allí) los llaman verdugos. "Ponte el verdugooo". Iba forrada de octubre a Mayo. Creo que soy la única persona de ascendencia gallega que en pleno mes de julio estuvo, completamente vestida (vestido, chaqueta, calcetines y zapatos) todo un dia en la playa de Riazor en Coruña. Con eso os lo digo todo.
En cuanto me independicé, dejé de usar pañuelos para el cuello y bufandas cuando no es necesario. Mi porcentaje de infecciones de garganta cayó en picado. Ir demasiado abrigada tampoco es bueno, sudas, te descubres, se te seca el sudor, te enfrías... tengo colegas que durante todo el año llevan la garganta envuelta en un pañuelo por si...Vigilad como os vestís, no seáis exagerados.

* Comed con inteligencia. Estar bien alimentado es vital. No me refiero a comer mucho, sino a hacerlo de modo equilibrado. A mediodia y a la noche necesitamos verduras, proteínas e hidratos de carbono todos los días. La fruta es importantísima, al menos dos piezas al día. Y leche o yoghourt todos los días. Una dieta equilibrada os mantendrá delgados y fuertes, vamos, lo que viene a ser estar sanos.

Todo esto leído del tirón puede haceros creer que soy una maniática insufrible. No me importa. No lo soy. Lo vivo con naturalidad.  Y no se si será por todas estas precauciones que tomo y normas que sigo, pero enfermo raramente y hace varios años que no cancelo por enfermedad. Salud es felicidad, longevidad y un signo clarísimo de amor por uno mismo y por la máquina que nos permite vivir.
¡Cuidad vuestra carrocería!

Como siempre, gracias por deteneros en mi blog un ratito, especialmente hoy que me he alargado más de la cuenta.

¡Hasta pronto!

martes, 20 de diciembre de 2011

¡No! ¡Me he resfriado! ¿Y ahora que hago?

¡¡Hola a tod@s!!

Escribo desde Génova, donde estoy cantando la Bohème de Puccini. Es la primera vez que canto en este teatro, el estreno fue realmente bien y eso que pusieron a prueba mi vértigo subiéndome a un caballo volador que cruza la escena. ¡Una entrada espectacular, desde luego! 
Llegué el dia 5 de diciembre y hemos tenido un tiempo deliciosamente primaveral, con mucho sol y buena temperatura, pero a partir del día del general se levantó un viento muy incómodo y los días han ido a peor. Ya hace frío de verdad.

Y me he resfriado. Tengo que volver a cantar pasado mañana.

Una vez más hay que poner en práctica las rutinas de curación, de las cuales, la más importante es meterse rápidamente en la cama y quedarse allí.
Pero vayamos por partes. Aparte de estudiar y cantar, un cantante debe saber reconocer qué situaciones lo ponen en peligro de resfriarse: no llevar la ropa adecuada a la temperatura que tengamos,  no saber huir de las corrientes de aire... Conviene tomar nota mentalmente de qué fue lo que desencadenó el problema para evitar repetirlo.
También es muy útil "escucharse" para intentar reaccionar ante las alarmas que da el cuerpo y poner remedio antes de que la cosa vaya a mayores. Por ejemplo: yo no estornudo nunca. Pero he observado que si en un día estornudo mas de tres veces es que algo está viniendo. Ojo, que no soy obsesiva; uno o dos estornudos no quieren decir nada, pero si la cosa va más allá, invariablemente quiere decir que estoy empezando un proceso catarral. Inmediatamente me meto en la cama y paso el día allí. Si empiezo a tener mucosidad excesiva, empiezo con paracetamol, bebo mucho y no me levanto ni para comer. Por supuesto, ¡guardar silencio es una medicina mas! 
Normalmente, este sistema me corta en seco los resfriados a veces incluso habiendo tenido algo de fiebre. En dos días estoy como nueva. Si estoy ensayando y el teatro no respeta esta cuestión y me obliga a ir a ensayar, la cosa empeora rápidamente. Es sorprendente que algunos teatros sean totalmente insensibles a esta cuestión y pongan en riesgo la prestación del cantante, pero eso es lo que hay.
Hay veces que la marcha de un resfriado es fulminante. Por la mañana estás bien y por la tarde tienes una tos que no sabes de donde ha salido. Lo mismo: cama. Si podéis, lo mejor es consultar un médico, toser es lo más peligroso que hay para las cuerdas y para nosotros es prioridad absoluta eliminarla cuanto antes. A un médico de familia que no haya tratado con cantantes, quizás debáis explicarle que los golpes de la tos en las cuerdas durante demasiado tiempo provocan la debilidad de la musculatura y afonía. Lo ideal es contar rápidamente con un especialista, él sabrá que hacer. Consultad al que más experiencia tenga con cantantes, eso es siempre una garantía para vosotros. Así que solo nos levantaremos de la cama para ir a su consulta. Y otra cosa súper-importante: una vez que estemos sanos de nuevo es conveniente volver al otorrino para que os "conozca" en salud. Algunos profesionales no pueden diagnosticar ciertas patologías porque no pueden saber si lo que ven en nosotros es normal o no. 
Hace algunos años, tuve un catarro en pleno julio estando de  vacaciones. Como tenía un par de meses de colchón, dejé que la tos se fuera por si misma y hablé durante un par de semanas a pesar de la ronquera; hablé como si no estuviera ronca, forzando la voz para ser oída como si no tuviera afonía. Cuando me puse a trabajar después del periodo vacacional, aunque había recobrado la voz, ésta no sonaba como siempre. Mi sonido cristalino se había esfumado, ahora había un poco de aire en la voz. Estaba ensayando La Finta Giardiniera en Montpellier, y aunque podía cantar perfectamente, para mi ese cambio en mi sonido fue una señal de alarma. Visité allí mismo al otorrino que me recomendó el teatro, y a una foniatra. Ninguno de los dos me supo decir que pasaba. Las cuerdas estaban bien, no había mucosidad, ni rojeces por ningún lado. La foniatra me dijo que se veía cierta tensión en el cierre de las cuerdas pero que como era la primera vez que me veía, no sabía si eso era normal en mi. Cancelé.  Y me fui a Viena a que me viera el Dr. Kürsten. Este médico es el que más cantantes ve al año. Es el médico de la Staatsoper. Me vio y me explicó que al haber estado hablando a pesar de la afonía, mis músculos habían obligado a las cuerdas a cerrarse por la fuerza y que seguían haciéndolo. Me recomendó una pequeña reeducación vocal; vocalizar con ejercicios muy sencillos y en una zona cómoda de la voz durante cinco minutos y descansar quince. Volver a vocalizar cinco minutos y volver a descansar quince. Dos veces al día. Me llevó tiempo, pero me recuperé completamente. Y volví a Viena a cantar y fui a verle. No me pasaba nada, pero quería que me viera estando sana. Y me enseñó a reconocer mi salud: mis cuerdas son blancas blanquísimas, cierran de arriba a abajo perfectamente y mi mucosa es totalmente transparente. Me pareció una información importantísima, porque ahora, cuando me ve un médico al que no conozco, yo también puedo opinar sobre lo que vemos.

¡Estas cuerdas NO son mías!
Bueno, volviendo al tema, hemos dicho que es muy importante meterse en la cama, beber mucho y callar.
Algunos remedios caseros interesantes: 
Té de gengibre para la afonía
Comprad una raíz de gengibre, peladla y ralladla o cortadla muy fina y ponedla a hervir. Cuando se haya ablandado, dejadla en infusión. Cuanto mas tiempo repose, mas picante se volverá, ojo. Bebedla lo mas calentita que podáis. Repetid durante todo el día.
Vahos. (Yo los detesto, pero son efectivos)
Hervid tomillo y respirad los vapores con una toalla sobre la cabeza.
La cura del aceite de oliva virgen
Esta me la dijo el Dr. Kürsten: Tomad papel higiénico, dos cuadraditos seguidos. Dobladlo por la linea de puntos y luego por la mitad formando un rectángulo. Cortad un trozo de plástico de una bolsa del mismo tamaño que el papel y buscad un pañuelo que os podáis anudar al cuello. Sobre el papel poned un chorrito de aceite de oliva virgen y os lo colocáis en el cuello a la altura de la laringe (mas o menos en el medio) después poned el trozo de plástico y luego el pañuelo. Dadle una vuelta en el cuello y atadlo por delante. Llevadlo todo el día, lo cambiáis por la tarde y si podéis dormir con eso al cuello, volved a renovar el aceite antes de dormir. Es mágico.

Debuté en Génova el dia 17.  Canto de nuevo el 22 y el 23. El 18 por la tarde empecé a toser y a sentir la garganta áspera. "Algo está viniendo y muy aprisa" , me dije. Esa noche ya me dolía la garganta y mi voz se había bajado, empezando a sonar como digo yo, como un caballero cazallero y trasnochador. Tomé un antiinflamatorio y un paracetamol de 1 gramo y llamé a mi otorrino de cabecera, el doctor José de León de Las Palmas. Le conté la situación profesional y mis sintomas y me mandó un par de medicamentos. Como era tarde y domingo, pasé de buscar farmacia con el frío que hacía y me fui a dormir. 
Mi historia personal siempre es igual. Si se me baja la voz, suelo hacer una traqueítis, así que para prevenirlo, en un caso como este en el que he de cantar de nuevo en un par de días, mi médico me suele recetar un antibiótico. Así que mucolítico, reposo, antibiótico, antiinflamatorio, líquidos (el te de gengibre) y silencio.
Y así estoy. Ayer empecé con el tratamiento y hoy ya tengo algunos sonidos agudos de vuelta. No he probado la voz, pero a boca cerrada, intento hacer un mini sonido lo mas agudo posible. Ayer no salía ni uno, lo que quiere decir que las cuerdas tienen una montaña de espeso moco encima. Hoy ya va mejor y las flemas se mueven.
No hay que acogotarse, cuando no se puede, no se puede y ya está. En mi caso hay muchas chicas cubriendo la Musetta, asi que si no puedo, no tengo que pincharme nada (cosa que no he hecho jamás) si el teatro presiona.
Os dejo con este enlace interesante de una estroboscopia de un tenor haciendo un glissando, ¡espero que os guste!

http://www.youtube.com/watch?v=6lzYqsknDNQ&feature=player_embedded#!

¡Hasta muy pronto!

jueves, 8 de diciembre de 2011



¡Hola!
En algunas de las clases magistrales que he impartido, me he encontrado con estudiantes que me preguntaron sobre cómo estudio las operas, cual es mi método.  Así que me gustaría hablar sobre este tema y sobre mi experiencia en el estudio.
Empecé mi carrera como profesional en el año 1987. En mis primeros cuatro años como cantante debuté La Sonnambula, Rigoletto, Idomeneo y Le convenienze e inconvenienze teatrali.  Si no recuerdo mal, debió de ir a titulo por año.
Desde aquellos inicios, no he conocido verano o pausa vacacional sin tener que estudiar alguna ópera, y a veces más de una. He tenido temporadas en las que he debutado en cinco personajes distintos. Y me ha ocurrido más de una vez.  Sin ir mas lejos, en el verano de 2004, mientras por las tardes ensayaba en Salzburgo el King Arthur de Purcell, por las mañanas estudiaba Pelleas y Melisande de Debussy.  Mi recorrido profesional me ha llevado a estudiar e interpretar operas que abarcan desde Monteverdi  a Strawinski.  Más de 50 personajes.
Tengo la suerte de disfrutar extraordinariamente con el estudio de la música, y he ido desarrollando mi propio método, aunque seguro que habrá otros tan válidos y buenos como el mío. El desarrollo de este método me ha permitido estudiar una opera de Mozart de tres horas de duración en dos días y medio: nueve horas el primer día, ocho el segundo y tres el medio día restante. Es conveniente tener una formación musical que comprenda el solfeo en profundidad, piano y armonía. Es bien cierto que hay un gran número de grandes artistas que no han tenido la oportunidad de cursar estudios tan completos y no por ello han hecho una carrera de menor envergadura, todo lo contrario.
La labor de aprendizaje en mi caso es algo que hago en soledad, sin acudir a ningún repertorista hasta que no conozco perfectamente la opera. Es mi modo particular de hacerlo, aunque hay colegas que estudian con ayuda de estos importantísimos profesionales, alcanzando los máximos niveles de calidad. Personalmente, hasta que no me considero preparada, el repetir melodías que no tengo claras, me confunde más que me ayuda.
En mi primer contacto con la partitura, superviso la longitud del papel y su idoneidad en lo que se refiere a tesitura, así como su estructura; numero de arias, dúos o tríos, conjuntos, numero de personajes, duración de las escenas, etc.
A continuación analizo musicalmente mi parte al completo, vigilando armonías, cambios de compás y tempo, descifrando los compases difíciles y procurando introducirme en el lenguaje musical del autor. Este trabajo es especialmente importante en compositores como Strauss, Strawinsky, Poulenc, Debussy o Humperdinck, por poner algunos ejemplos. Entender el lenguaje musical de un autor es entender el modo en el que piensa y coloca ciertas armonías o intervalos y no otros cuando compone. Nos acerca a su lógica musical y a su idea estética.  Es más fácil en el caso de compositores como Mozart o Donizetti y requiere muchas horas de estudio en el caso de los citados más arriba. Es como ese día, cuando uno estudia matemáticas, en que comprende, para siempre, después de mucho esfuerzo, una operación matemática a la que no le veía la lógica.  
A lo largo de los años y gracias a una gran facilidad innata, he tenido la oportunidad de aprender algunos idiomas, lo que me ha permitido hacer una de las cosas que mas me gustan en esta vida: hablar con todo el mundo. Este aprendizaje ha resultado capital a la hora de afrontar obras en idiomas distintos al italiano, que es el más cercano a nuestro español y el más usado (en general) por los cantantes latinos.
Aunque no es imprescindible, considero importantísimo hablar el idioma en el que se canta, sobretodo en operas con recitativos, donde la acción depende del texto, y las intenciones de los personajes deben ser muy claras.
A pesar de los idiomas que hablo, siempre, mi tercer paso a la hora de estudiar es escribir el texto aparte dejando espacio para anotaciones fonéticas, traducción en caso necesario y de intención. Lo hago invariablemente con la lengua francesa, la inglesa y con la alemana. Todas ellas de gran dificultad a la hora de la pronunciación. Me reconozco una gran maniática en esto de la pronunciación y la fluidez en las lenguas extranjeras cuando se canta (y cuando se habla, evidentemente), pues el texto está íntimamente ligado a la música y no se debe descuidar, en el estudio, el uno a favor de la otra.
 Considero muy importante insistir aquí, en que el estudio del canto es completamente distinto del estudio de las otras disciplinas musicales. El canto no se ve.
A un pianista se le puede corregir la posición del cuerpo y hay detalles técnicos que se pueden “ver” a la hora por ejemplo de aprender a tocar en piano, cuando el maestro enseña. En el canto, todo es intuición y oído, del alumno y del maestro. Muchas nociones se aprenden por imitación del maestro o imitando las voces con técnicas excepcionales como lo son las de cantantes como Caballé, Freni, Kraus, Scotto y Berganza, por poner algunos ejemplos, que podemos escuchar  en todo su esplendor y las veces que queramos gracias a los discos.
La musculatura de la fonación es invisible, interna, (y si resulta visible es un signo claro de un mal aprendizaje del canto), así que todos los que hemos estudiado el canto hemos escuchado con mayor o menor asiduidad a algún cantante; en mi caso, Caballé, desde muy niña, y cuando supe de ellas, a  la Freni y a la Scotto. El intentar cantar como alguien, aunque sea excepcional, tiene sus peligros, pues no existe la perfección absoluta y a todos nos pasa que producimos sonidos de los que no estamos plenamente satisfechos. Uno puede copiar lo bueno... ¡y todo lo demás!. Además hay que confiar en que el estudiante tenga la intuición y conocimientos vocales necesarios para tratar de conseguir los sonidos que copia con el uso correcto de su propia técnica, y no forzando su instrumento para parecerse a alguien a toda costa.
Ciertos colegas emprenden el estudio de nuevos roles armados con grabaciones de sus cantantes preferidos; no es mi caso. Yo prefiero tocar al piano la música que debo aprender y conocer su  armonía  a medida que la voy descubriendo, sin escuchar a ningún cantante, para evitar verme influida por su modo de cantar, para que mi canto sea lo más genuino posible. Es un trabajo arduo y que requiere muchas horas.  En la primera sesión me marco un objetivo y hasta que no he aprendido perfectamente el fragmento seleccionado, no me levanto del piano.  Toco mi melodía hasta que me es familiar y entonces me acompaño, solfeando, tocando la parte del piano. ¡Es muy importante saber las notas que estamos cantando!
Una vez que la melodía está clara y no hay dudas en la afinación de los intervalos más difíciles, añado el texto. Y repito las veces necesarias para fijar la frase recién aprendida. En la próxima sesión, mi costumbre es repasar lo estudiado el día anterior y seguir adelante, sin dejar pasar un error en lo aprendido anteriormente. Y así hasta que el trabajo está completado.
A partir de aquí, empieza el verdadero trabajo: aprender a cantar el nuevo rol, y tomará mucho mas tiempo que el estudiar la música, porque enseñar a la musculatura de la fonación cómo debe funcionar para emitir las nuevas combinaciones de sonidos e intervalos, es algo que requiere mucha paciencia y amor: este es el trabajo más fascinante y que no termina nunca.
Pero éste es ya otro tema.   


¡Hasta muy pronto!

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Anécdotas de ópera: Que más puede pasar en Rigoletto

Como la Bellezza en "Il trionfo del Tempo e del Disinganno

¡Hola a tod@s!
Creo que ha sido Rigoletto la ópera que me ha hecho vivir más anécdotas. Quizás por ser la que más he cantado...o por pura casualidad. Mi primer Rigoletto fue en Oviedo a la tierna edad de 23 años, y ya alli pasé por un par de situaciones digamos….raras.  Mi vestido era el que dias después se iba a poner la Amelia del Ballo in Maschera; ya le hubiera gustado a Gilda haber podido llevar aquellas sedas blancas, aquel violeta y aquella capucha descomunal que era exactamente lo que llevaría una doncella virginal para recibir a su circunspecto y estricto papá en sus escasas visitas, ¡jajajaja!. 
Mi primer asesino fue Miguel Angel Zapater, que me levantaba en vilo con tanta alegría que cuando me dejaba en el suelo yo no tenia ni idea de donde estaba el público o en que dirección apuntaria mi cabeza al salir del saco. En el único ensayo que tuvimos, no tuve mas remedio que asomar la cabeza fuera del saco para ver en que posición quedaba, lo que hizo que sonaran bastantes carcajadas en la sala…en fín. La escenografia era bonita, pero tenía un detalle curioso: mi entrada a la casa de Sparafucile quedaba justo en el lado contrario del escenario desde donde yo cantaba mi última frase antes de entrar al sacrificio. Tenía que terminar la frase y salir corriendo locamente por detrás (lo fácil que hubiera sido cruzar el escenario!) para tocar por ultima vez a tiempo y cantar aquello de “Dio, loro perdonate!”.
Mi primer papá fue John Rawnsley, un caballero fuertote que cantaba estupendamente y que es además un gran actor. Y se tomaba la escena de la vendetta muy en serio. Tremendamente en serio. Vaya, que su mosqueo con Gilda era tal, que donde otros Rigolettos abrazan a su hija o se la llevan más o menos por la fuerza, él me daba tal empujón (en plan “tira p’alantee….¡¡tira p’alante!!”) que yo, flaquilla como era, volaba literalmente hasta que aterrizaba de nuevo en tierra, no ya besando el suelo con la boca, sino zampándomelo con la boca, con la nariz, con la cabeza, con el pecho….lo que viene a ser un taponazo de antología. 
Pero yo encantada: feliz de que la cosa fuera tan real.  En esas mini escenas que cierran la vendetta me ha pasado de todo: como digo, he volado, he comido tierra, me han arrastrado por la  moqueta de la escena con los pies desnudos quemándome la piel y haciéndome una buena herida....
En mi segunda producción, en la Opera de Lieja, Gilda iba vestida como una reina, Rigoletto la tenía encerrada en una casa fantástica con un patio precioso en el que había una gran jaula con una paloma dentro y la vestía con trajes suntuosos. Nunca más he hecho una Gilda tan bien vestida.
En aquella producción, hacia el final del Caro Nome, tenía que abrir la jaula, sacar a la paloma y cantarle la cadencia a ella. En los ensayos y en varias funciones todo fue muy bien...hasta que un día mientras cantaba, vi que las plumas de la parte de abajo se movían... Como digo, mi traje parecía el de Maria Estuardo, con una falda acampanadísima. Tuve el tiempo justo para comprender que la paloma se iba a "aliviar" y separar la mano del cuerpo. El "alivio" cayó al suelo y yo terminé mi aria muerta de risa.
Pero eso no fue todo en esa producción, en el tercer acto, para ambientar la brumosa noche junto a la casa de Sparafucile, ponían ese humo artificial tan aparente. En aquella época (os hablo de 1988) el humo tenía olor y era incómodo respirarlo. A telón cerrado no se veía casi, de hecho lo ponían estando ya nosotros en nuestros puestos para evitar posibles tropezones.
Aquella noche pusieron muchísimo humo, pues las otras noches se disipaba enseguida y no estaban conformes. 
¡No se veía nada! ¡No se respiraba nada bien! Y por fin abrieron el telón con los primeros acordes, el humo, encerrado en el escenario, invadió la sala....y el público desapareció! Solo se oían las toses de la gente sentada en el patio de butacas y el primer piso, y al momento las carcajadas de todo el teatro, fue el inicio del tercer acto más divertido que he hecho o presenciado.
Y es que en las óperas ¡pueden pasar tantas cosas!
¡Saludos y gracias por seguirme!

martes, 8 de noviembre de 2011

El apoyo 2ª Parte



¡Hola a todos!

Aquí estoy de nuevo con una entrega más sobre este tema tan complejo del apoyo en el canto lírico.
Hoy quiero hablar sobre los dos primeros puntos de aquella lista que os hice en el primer post sobre el apoyo. La respiración y la relajación.
¿Habíais visto alguna vez un dibujo tan bueno del diafragma?  Imaginad los pulmones situados sobre él dentro de la caja torácica y comprenderéis como al insuflar aire en ellos el diafragma se expande en todas direcciones a la vez que baja, ejerciendo presión contra las costillas flotantes que a su vez se expanden hacia afuera.
Toda mi vida he oído hablar de la respiración diafragmática, de la intercostal... Viendo este dibujo se comprende que la respiración es UNA, pues no se puede evitar que al inspirar baje el diafragma ni que las costillas se expandan. Naturalmente, cuando uno expira, todo vuelve a su sitio.
¿De qué estamos hablando entonces? Si estos movimientos se producen en cada inspiración, ¿qué sucede al cantar?, ¿que es lo que realmente se necesita?
Vámonos a la cama y tomemos una posición cómoda y relajémonos.
Tomaos vuestro tiempo..... suspirad ruidosamente si es necesario para encontrar esa relajación.... y analicemos en que consiste. Lo primero es que la respiración "desciende", ya no se nos levantan los hombros, ya no respiramos "de pecho" (sobretodo las chicas). Si colocamos una mano sobre el ombligo (o bajo el ombligo si os habéis relajado boca abajo), la sentimos mecerse arriba y abajo con la entrada o salida del aire; respiramos por la nariz y parece como que la operación respiratoria se suavizara.
Y ahora la novedad, ¿qué más cosas suceden en el cuerpo en esta relajación? Pues que se aflojan los músculos del cuerpo, incluidos unos en los que no pensamos mucho y que son muy importantes para cantar. Se aflojan los músculos pélvicos y entre éstos los que controlan los esfínteres (los que contraemos para orinar y defecar).
Con todos esos músculos en estado de relajación (esto es, no contraídos) y la respiración del sueño o de la relajación total, resulta que nuestra respiración se produce en un cuerpo "ABIERTO".
Recordad esta sensación de libertad y apertura totales. Si no estais seguros de haber relajado los músculos pélvicos, intentad contraerlos (cerrarlos) y sentiréis la diferencia.
Bien, ahora poneos de pie, ir a la cocina, servíos un vaso de agua y veréis que poco a poco, la respiración adquiere otro ritmo y que los músculos pélvicos vuelven a contraerse, a cerrarse. Intentad volver a relajarlos, a abrirlos.
Se habla mucho del llanto de los bebés, de que su llanto prolongado no los deja roncos aunque lloren con mucha intensidad, y se dice que es la posición correcta para cantar. Pues pensad que no solo es la posición de la voz, los bebes no han aprendido a controlar sus esfínteres, usan pañal. Sus músculos pélvicos aún no han aprendido a contraerse y por tanto están siempre abiertos.
Pero volvamos a nosotros antes de que se nos pase el efecto de la relajación vivida. 
Ahora quiero que penséis en un pescador submarino. Piero Cappuccilli lo era. Un pescador submarino que esté en forma, puede pasar bajo el agua esperando a su presa unos 3 minutos. En apnea. Los profesionales mucho más.  ¿Y en que consiste su respiración? Ellos hacen una respiración profunda almacenando el aire en sus pulmones, descienden, buscan, esperan, localizan, disparan su arpón y suben a la superficie y solo entonces (mientras suben) sueltan el aire. Ese aire en los pulmones es el que les ayuda a subir, precisamente, y a expulsar el agua que les ha entrado en el tubo de buceo.
¿Y que sucede en esa apnea prolongada? Pues que al llenar los pulmones, el diafragma (evidentemente) baja y ahí se queda....
Solo vuelve a su sitio cuando el pescador ha subido a la superficie y soltado el aire que tomó antes de bajar.
Analicemos y adaptemos: un modo de respirar que permite nadar, moverse, cazar, tirar del pez hacia arriba mientras nadas de nuevo..... siempre con el diafragma expandido. Una respiración que mantiene abajo el diafragma todo el tiempo mientras se respira naturalmente sin dejar que se recoja. En las respiraciones cotidianas el "paraguas" del diafragma se abre y cierra completamente cada vez, pero hemos de saber que para el canto es muy útil poder controlar cuando lo dejamos volver a su sitio.
Un ejemplo: son legendarias las frases musicales de Cappuccilli, dotado de un fiatto o control del aire excepcional..... aqui un ejemplo...



A mi la sensación que me da es que viene "respirado de casa". Apenas se aprecia cuando respira, pero lo que si se ve es que esta siempre "abierto". Como Carlos Alvarez:


¿Por que parece que nunca se "deshincha"? Este es otro ejemplo muy importante de esta abertura de la que hablo.  La misma aria de nuevo con Cappuccilli....


Entonces, ¿cual es la conclusión?
La respiración que usan estos cantantes es como la del pescador, como la de muchos instrumentistas de viento, inspiran y espiran sin dejar que el diafragma suba de golpe cada vez.
Hacen una respiración profunda y "abren" y mantienen abierto  (costillas expandidas) y ahí se quedan. Se respira ahí dentro, en ese molde. Y además, con una abertura integral que llega hasta abajo, hasta el músculo pubococcígeo. (En rojo en los diagramas)


Conforme vayáis siendo conscientes de las sensaciones al soltar este músculo, os convenceréis de que es importantísimo cantar con un control consciente.
Hay un ejercicio que me enseñó Leo Nucci que se puede hacer en cualquier momento del día, incluso viendo la tele. Inspiramos (nuestro diafragma baja, nuestras costillas abiertas) y vamos soltando el aire por la boca muy lentamente, en un hilito, sin mover nada en el abdomen. Sin dejar que nada se cierre.  Evidentemente, conforme vamos soltando el aire, el diafragma va volviendo a su posición inicial, nosotros tratamos de alargar lo más posible ese regreso intentando mantener las costillas abiertas. Volvemos a inspirar con las costillas abiertas. Como respirar dentro de una caja. Al principio es muy difícil y se expulsa muy poco aire antes de que se nos cierre todo, pero poco a poco se va comprendiendo la mecánica. Ayuda mucho el hecho de abrir hasta allá abajo. Yo no lo conseguí hasta que no pude integrar esa abertura pubococcígea. Y sobre todo, NO PRACTICARLO POR LA FUERZA. No puede haber ninguna tensión, ninguna molestia. Es un tipo de respiración con el que se puede vivir perfectamente. Es más, deberíamos respirar siempre así, como los bebés, que siempre tienen las costillas abiertas cuando lloran. 
Otro ejemplo es el de la Tomowa-Sintow. En las mujeres es un poco mas visible la respiración, pero la mecánica es la misma. En este video, ella controla diafragma y abertura de costillas hasta el final del todo. Y se ve perfectamente. Observadla bien, es magistral, otro día analizaremos otra cosa muy importante de su canto, la verticalidad. Por ahora fijaos en su respiración en este dificilísimo Verdi.


En resumen:
Localizar la relación entre la respiración y los músculos pélvicos. Aprender a relajar el músculo pubococcígeo en la vida cotidiana. No necesitamos vivir con esa tensión. Y sobretodo, no la necesitamos para cantar sino todo lo contrario.
Localizar ese "molde" respiratorio que garantiza una posterior libertad en el apoyo y que nos permite respirar dentro de una caja torácica mucho mas grande de lo normal.
Y como siempre, estos ejercicios hechos siempre con la máxima relajación y libertad. No hay que cantar. Aún no, solo practicad, descubrid, experimentad estas sensaciones nuevas, acostumbraos a relacionar el canto con la facilidad, la flexibilidad y la relajación.
Ya nos pondremos a aplicarlo al canto. ¡Primero hay que ejercitar músculos y mente!

 

Increible que con el aire que parece tomar pueda cantar asi, ¿verdad? Este es el canto abierto.
Bueno, ahí os dejo con algo que pensar, ¡jajajajaja!
¡Gracias por vuestro tiempo y hasta pronto!

lunes, 24 de octubre de 2011

El apoyo 1ª Parte

¡Hola! 
Son ya muchas las compañeras y alumnas que me han pedido que hable sobre el apoyo en el canto lírico, así que voy a intentar explicar lo más sencillamente posible en varias entradas lo que he experimentado sobre este tema y el uso que hago hoy por hoy del apoyo.
Si os surgen preguntas, no dejéis de mandarlas, nos ayudarán a todos, y no perdáis nunca de vista que lo que no se pregunta ¡es siempre información perdida! Y en estos temas es muy importante aprender a verbalizar que es lo que hacemos al usar el aire, algo muy dificil de contar, pues hay que estudiarse y reflexionar mucho.
Os quiero dar un primer acercamiento con una reflexión sobre como usamos el aire en el día a día.
En muchas cosas cotidianas de la vida, nos apoyamos en el aire para acometer multitud de actos de naturaleza muy variada. Tan importante es el aire que respiramos.
Nos apoyamos en el aire para levantar cualquier tipo de peso: una pila de platos, unos libros pesados… nos apoyamos en el aire recién respirado para darnos la vuelta en la cama mientras dormimos, nos apoyamos en el aire para levantar en brazos a un niño pequeño, o al llamarlo en voz alta cuando queremos atraer su atención… asi que también nos apoyamos en el aire para gritar y por supuesto para hablar.
En todos estos casos, si observamos nuestro comportamiento, veremos que inspiramos, retenemos el aire con naturalidadflexibilidad y hacemos presión hacia fuera con nuestros músculos abdominales antes de coger esos libros de Ken Follet que pesan tanto.  Esto es: nos apoyamos en el aire que acabamos de almacenar. Y lo hacemos automáticamente, sin siquiera pensarlo. Dependiendo del esfuerzo que debamos realizar, este apoyo será más o menos concentrado, no es lo mismo coger la partitura de “Zaide” que la de “La finta semplice”, por poner un ejemplo muy exagerado y no digamos si lo que tenemos que levantar es un precioso bebe de 4 años que come de maravilla… Luego el aire que necesitaremos para coger el peso, sostenerlo y desplazarnos con él variará según la actividad que realicemos.
Otro ejemplo que para mi resultó revelador fue la recomendación médica de hinchar globos cuando me fisuré una costilla en los ensayos del Rigoletto del Teatro Real en el año 2001, para que no se me encharcaran los pulmones. Respirar dolía mucho y respirar para cantar muchisimo más, asi que para que no te duela no respiras a fondo, y corres riesgo de que tus pulmones se encharquen.  No sabía este médico que cantar la Gilda día si, día no, es el mejor remedio contra el peligro de encharcamiento pulmonar, ¡¡jajajaja!!
La cuestión fue que al hinchar el primer globo me di cuenta de que el mecanismo es exacto al del canto, al de los oboeistas, trompas, trompetistas…
Los instrumentistas de viento usan el aire del mismo modo que los cantantes, ¡aunque con una salvedad importantísima! , ellos usan el aire con una flexibilidad ejemplar, porque si no lo hicieran asi, sus instrumentos simplemente no sonarian. Una voz suena siempre, incluso si usamos el aire por la fuerza y bien apretadito. No suena bien, pero suena. 
Para inflar un globo, también nos hemos de apoyar en el aire: inspiramos y mientras nos colocamos el extremo del globo en la boca, estamos, inconscientemente, reteniendo el aire (haciendolo esperar dentro del cuerpo unas décimas de segundo antes de usarlo) y mientras calculamos la fuerza del soplido que necesitamos para inflar el globo, nuestros músculos abdominales se ponen en la tensión justa para que cuando soplemos, salga el aire justo y no más, so pena de no poderlo meter “dentro” del globito. Mientras soplamos llenando el globo, los músculos abdominales experimentan un empuje HACIA FUERA, para dirigir la columna de aire dentro del globo. Hay globos muy fáciles de hinchar que con muy poca presión muscular lucen estupendos en muy pocos segundos; esos requieren que nuestro apoyo en el aire sea menor. Pero esos que cuestan tanto de hinchar nos reclaman un apoyo y un uso de la musculatura mucho más intenso.
Puede parecer ridícula la expresión "apoyarse en el aire", pues es fácil pensar que uno sólo se puede apoyar en cosas sólidas, sin embargo hay otra actividad en la que nos apoyamos en algo que en principio parece imposible: los nadadores, al nadar, se apoyan en el agua para avanzar y sacar la cabeza para respirar. El movimiento de los brazos no sólo desplaza el agua hacia atrás...
Por otro lado, no se puede separar la cuestión del apoyo de todo lo demás. Aunque apoyemos bien un sonido la partida no está ganada. Puede ser que ese sonido bien apoyado esté anclado en la garganta, o esté desafinado, o suene estrecho o chafado.... El del canto es un puzzle que tiene mil piezas que dependen unas de otras.  Por eso es tan dificil enseñarlo, comprenderlo y sobretodo verbalizarlo.
Me vienen muchos ejemplos a la mente que no puedo escribir aquí... Hay que oirlos.
En mi experiencia personal, ha sido a través del oído y de la búsqueda de la altura del sonido que he experimentado el apoyo justo al cantar. No es entonces primordial el apoyo, sino que toda la estructura del canto se pone en marcha cuando todas las piezas están en su sitio justo. ¿Cuáles son estas piezas del puzzle? Aqui van las básicas que están todas interrelacionadas.
1.             Relajación
 activa
2.             Inspiración baja o abdominal (la del sueño)
3.             Elevación del paladar y apertura de las fosas nasales (la famosa sonrisa interior. Ojo, INTERIOR, no se refleja en la cara)
4.             Altura del sonido. Buscar un espacio muy alto para fonar, bien lejos de las sensaciones en cuello, garganta o nariz. ¡Es aún más arriba! Como si el sonido se produjera por encima de nuestra propia cabeza
5.             Emisión relajada, sin golpear el sonido. Emisión "sul fiato". Como si le tuvieramos un cariño inmenso al sonido. Sonido aterciopelado desde el principio
6.             Emisión HACIA AFUERA, HACIA ADELANTE. Con el aire flexible. Confiad; con el aire más suelto tambien se puede cantar, incluso mucho mejor. La voz con el aire flexible no pesa.
7.             Y la mejor: todo esto sólo se puede hacer con el apoyo justo. ¿Que quiero decir con esto? Que si buscamos un canto flexible emitido con cuidado y con la altura justa y hacia afuera, el resorte del apoyo se pone en marcha solo y en su justa medida, porque si lo forzamos ya no será un canto flexible ni flotante y perderá la altura.
Ya al inspirar, los puntos 1, 2, 3 y 4 deben estar ahí. Y además de estas cuestiones está la de buscar la afinación escrupulosamente, como si fueramos un violinista. Cuando digo afinación no me refiero a ese sonido que  se aproxima al tono deseado, sino a un sonido que indiscutiblemente suena como cuando tocamos la tecla del piano. Y una altura de sonido correcta es la clave de la afinación. Os lo aseguro. A mi me ha costado muchas horas de trabajo y esfuerzo descubrir que SE PUEDE cantar más arriba y lo más curioso es que encima es más fácil.
Hechas todas estas reflexiones, os recomiendo que os fijéis en vuestros movimientos y que os compreis unos globos para comprobar en primera persona lo que os he contado.
Lo siguiente que os sugiero es tomar un sonido cómodo y probar a ver hasta donde lo podeis mover hacia arriba. Ojo, hablo de la posición del sonido , ¿eh? bien alto. Conforme vayais notando diferencias, os iréis guiando vosotros mismos, por eso digo que el oido es muy importante. Un sonido que está muy alto es más brillante y aparentemente más claro (aparentemente) es mucho más cómodo y resuena verdaderamente en las cavidades altas. Además corre por la sala como un láser.
Probad a emitir sin golpear el sonido, inspirad, imaginad un punto a un metro de distancia de vosotros y poned vuestra nota alli. Con suavidad, con cariño. Haced un ataque que no lo sea. "Atacar un sonido" suena ya como algo rudo y duro... prefiero el verbo emitir.
Buscad una frase cómoda que no hayais cantado nunca y probad todas estas cosas. No ha de ser un aria, sólo una frase de un lied, o de un dúo... lo importante es que no la hayais cantado nunca para que la memoria muscular no os domine.
El canto debe estar adelante, afuera y con el apoyo y el espacio justos. ¡Casi nada!
Bueno, creo que para una primera tanda no está mal.... espero vuestros comentarios o preguntas...

¡Gracias por deteneros un ratito en mi blog!
¡Hasta pronto!






viernes, 21 de octubre de 2011

Anécdotas de Ópera ¡Qué terrible pasar una escena entera en un saco!

Cantando el Caro Nome, año 1991


¡¡Hola a tod@s!!


A petición, voy a contar otra anécdota ocurrida en Rigoletto (como no, tengo varias) en la producción que hacíamos en la decada de los 90 en Zürich. Ya os he contado lo del auto-rapto, y aunque esa es insuperable, en una ocasión en que cantaba con Juan Pons (gran amigo y gran artista), pasé uno de los momentos más desagradables que recuerdo dentro del inevitable saco de Sparafucile.
En aquella producción, aún tenían la deferencia para con el autor y los artistas de hacer una pausa entre el segundo y tercer actos. Recuerdo que era una función donde hacía más calor del normal, pues yo, que nunca sudo, aquel día hube de ser retocada de peluquería y maquillaje varias veces.
Se abre el telón, y (ah, me estoy acordando de otra anécdota acaecida en el teatro de Lieja, jajajajajja, os la cuento otro día) salimos de la barca, primero Juan (¿os he dicho que es un gran caballero tambien en la escena?) que me daba la mano y luego yo. Cantamos la primera escena y el famoso cuarteto y despues, Gilda sale de escena. En general, en este punto, todas las Gildas se cambian de ropa, se ponen el traje de hombre que siempre nos queda pintiparado y se ofrecen al sacrificio un poco más tarde.
En esta producción, Gilda no se cambiaba, puesto que no tiene ninguna intención de partir hacia Verona como le ordena su padre, ¿para qué vestirse de hombre?. Como digo, no había ese cambio de vestuario histérico habitual con dos ayudadoras y peluquera. Aqui solo había necesidad de la peluquera pues la peluca, con tanto sudar se me había despegado. Entre bambalinas, Gisela, la peluquera, me volvió a sujetar con horquillas (horquillones diría yo, allí usan unos ganchos fenomenales) la peluca y me la volvió a encolar. Hasta aqui, nada del otro mundo, ni siquiera te da tiempo de ir al camerino o de ir al baño a menos que tengas la suerte de que haya uno en ese lado del escenario; como mucho un trago de coca-cola si alguien se acuerda de traértela o la has pedido tu.
Despues de tantos años de usar pelucas (más de 20), a mi me gusta llevarlas bien apretaditas, agarradas con buenos ganchos y bien encoladas. Es la única manera para mi, de sentir como si no la llevara. Si tengo que estar pendiente de que se soltó, se movió, esta floja o lo que sea relacionado con ella, mi personaje se resiente y mi concentración se va a cosas mundanas. Asi que ya os imaginais qué bien me recolocaron la peluca teniendo en cuenta que me iban a zarandear, apuñalar, meterme en un saco, arrastrarme por el suelo.....lo clásico.
Mi Sparafucile aquel dia era un tio fuertote, no recuerdo su nombre, pero era muy, muy alto y fuerte.
Volví a entrar y canté el trio, toqué a la puerta, abrieron, entré y a la vista del público, entre relámpagos y destellos varios, me clavaron un cuchillo retráctil me dejé caer y me dejaron sobre una arpillera extendida en el suelo que luego echaron sobre mi y cerraron con un velcro que la recorria de arriba a bajo. Lo que se dice un saco talla única. El mejor en el que he estado.
Me arrastraron hasta la posición correcta y ahí me quedé el resto de la escena de la tormenta y la entrada de Rigoletto. Cuando tocó a la puerta, se desarrolló el dialogo habitual:
Sparafucile: Chi è la?
Rigoletto: Son ío.
Sparafucile: Sostate.
Aquí la orquesta ataca una nota muy larga, tan larga como sea necesario para sacar el saco y dejarlo en el suelo. Me empezó a arrastrar Sparafucile hasta la posición convenida, pero a mitad de camino se le escapó el saco de las manos. El saco se cogía por la parte de la cabeza, me arrastraban de espaldas al público aprovechando la pendiente del escenario, luego se daba una vuelta y me dejaban con la cabeza hacia arriba y los pies cerca del foso, casi en perpendicular al foso. Asi, al salir del saco e incorporarme, mi cabeza miraba directamente al maestro Santi.
Como digo, a Sparafucile se le escapó el saco de las manos. Consciente de que lo que tenia entre manos era mi cabeza, actuó con rapidez y lo recogió en el aire antes de que llegara a tocar el suelo bruscamente. ¿Os he dicho que era un hombretón? Mi cabeza estaba muy lejos del suelo mientras me arrastraba. Gracias a eso me libré de partirme el cráneo contra el piso. (O partir el piso con el cráneo....)
De lo que no me libré puesto que la Gilda en esa producción no lleva el pelo metido en ningun gorro de caballero fué de que al retomar el saco de cualquier manera y con cierta violencia, agarró tambien el pelo arrancándome de cuajo una peluca recién colocada apenas media hora antes. Saltó todo: ganchos, ganchitos, cola.... y por supuesto se me saltaron las lágrimas. ¡Cómo me dolió! Mientras ellos discutían sobre la conveniencia de tirarme al rio o no, yo lloraba a mares dentro del saco sin poderme llevar las manos a la cabeza. Pasada la primera reacción, conseguí serenarme, pues en nada iba a tener que salir del saco y cantar el gran dúo final.
Me picaban los ojos...me dolía la cabeza.... y Juan abrió el saco.
Tenía toda la pintura corrida, los ojos llorosos y churretes negros pintando mis mejillas y la peluca casi arrancada de cuajo. Me colgaba de un lado. Con sus inmensas manos, Juan intentaba taparme la cabeza para que no se viera el estropicio, pero cantar con una cosa colgando del lado izquierdo que se balanceaba todo el tiempo no era cómodo, asi que estiré la mano y me la quité, y la tiré a un lado. Me quedé con mi pelo, entonces largo enrollado en los típicos caracolillos y con la cinta que me ponen para sujetar los ganchos de la peluca a la cabeza.
Cantamos el dúo y por primera vez me morí de gusto de haber terminado por fin.
Las excusas del pobre Sparafucile llegaron en varios idiomas, y cuando me vi el careto en el espejo del camerino, me eché a reír... y es que ¡tenia la cara casi negra! En aquella época te pintaban como una puerta, ¡jajajajajajja!
Y así es como pasé un rato bien amargo dentro de un saco, donde por otro lado, se respira mal, hace calor y se oye mal a la orquesta.

¡Besos a tod@s y hasta muy pronto!

De Izq. a dcha. Juan Pons, Isabel Rey, Boiko Zvetanov, Stefania Kaluza, A. Pereira
Final del Rigoletto 1992


PS. Si comentais, decidme quien sois o si os conozco. Me llegan la mayoría de los mensajes anónimos. Podéis identificaros haciendo clic en la casilla

miércoles, 19 de octubre de 2011

Rutinas antes de la función. Vida de cantante

El ritual de un cantante ante la función del día es muy variado; hay que levantarse tarde, o al menos intentarlo, pasar el día lo más tranquilo posible (un paseíto por la mañana si el clima lo permite) y comer tarde y muy bien: hidratos, proteínas, vegetales, fruta... 
Durante muchos años comí exclusivamente pasta blanca con queso parmesano y aceite de oliva virgen. Pero realmente afronto mejor la función si hago una comida completa. Muchos colegas comen un poco más temprano y duermen siesta, yo solo lo hago así si he pasado muy mala noche y me he despertado temprano (antes de las 9). Lo que si procuro es hablar poco, en unas horas le voy a pedir un esfuerzo notable a mis cuerdas, así que un poco de cariño no les sentará mal..
Cuando llega la hora de ir al teatro, escojo un conjunto bonito y me arreglo un poco. Muchas veces hay sorpresas después de la función: alguna cena con un sponsor, una visita que no esperabas, una invitación del teatro o de un colega... ir bien vestido al teatro para mi es algo imprescindible, forma parte de la profesión. 
Hay quien llega dos horas y media antes al teatro y se canta y re-canta toda la ópera sin descanso varias veces en el camerino hasta casi su salida a escena. 
Hay quien a punto de salir, se echa a correr y a subir y bajar todas las escaleras que encuentra mientras aprovecha para dar el "In bocca al lupo" a todos los colegas. 
Hay quien llega al teatro con el tiempo justo para maquillarse y salir, sin duda vienen vocalizados de casa. 
Hay quien, sabiendo que entra en el minuto 20 de la segunda parte, llega al teatro bien entrado ya el primer acto. 
Hay quien se lía a hacer abdominales antes de salir...en fin, todos hacemos nuestras cosas. 
Yo llego siempre una hora y media antes al teatro, sea cual sea la hora a la que sale mi personaje a escena, pues me inquieta estar en casa cuando la función ya ha empezado. Lo primero que hago es ponerme mi kimono de maquillaje, abrir la partitura y ponerla sobre el piano, y la tercera cosa que hago es maquillarme. El maquillaje me relaja muchísimo, demasiado incluso. Si cantara antes de maquillarme, esa relajación me obligaría a empezar todo de cero de nuevo: ¡a veces me llego a dormir!
Tras el maquillaje, aproximadamente una hora antes de la función, empiezo a repasar las frases más cómodas y poco a poco voy buscando las de más dificultad. Luego vuelvo al inicio del rol y paso en detalle la primera escena que voy a cantar.
Media hora antes de la función me visto, aunque si el vestuario tiene corsé, me lo pongo una hora antes de empezar, para trabajar las frases ya con las "apreturas" y habituarme a la "movilidad" del traje. Si es una ópera con dificultades escénicas (por escenografía complicada, por traje gigantesco o muy pesado o por movimientos difíciles para cantar) reservo diez minutos para ir al escenario y comprobar que las cosas están en su sitio o para practicar o recordar cualquier detalle.
Vuelvo al camerino y practico de nuevo las primeras frases, aquello de "el que empieza bien empieza dos veces" es la pura verdad.
¡Aviso de inicio! Repaso a la peluca, al maquillaje...y ¡a disfrutar! Por algún motivo que viene conmigo desde la cuna, no me pongo nerviosa antes de empezar, no hay "trac", ni susto, ni "¿qué hago aquí?", los que me conocen saben que es cierto y es muy práctico, sales con los cinco sentidos alerta naturalmente. 
Siempre he procurado no tener más "muletas" de las necesarias a la hora de salir al escenario, ningún ritual-de-buena suerte; si por las cosas de la vida no pudiera tener a mano las cosas sin las que no puedo ponerme a cantar.... ¿que haría? No tomo caramelos, tuve una mala experiencia la primera vez que tomé uno al inicio de mi carrera y no los uso. No uso pastillas de perborato para tener la boca ensalivada... es una profesión perfecta para ello y entiendo perfectamente a quien los tiene, pero yo no tengo fetiches. Además ocupan espacio en la maleta y a mi siempre me falta espacio en la maleta para poner cosas...
En cuanto el personaje lo permite vuelvo al camerino y retomo mi partitura. Si ha habido errores o dudas musicales, las reviso automáticamente. Si ha habido una nota "tonta" la repaso igualmente, si ha habido algún pasaje con el que no estoy satisfecha, lo anoto para estudiarlo mañana.
Bebo coca-cola, es la bebida perfecta para mi en la función, eso si, con todo: gas, cafeína, azúcar....bien fría..., me repone muchísimo. Si no tengo otra pausa antes del intermedio, bajo a la cantina a buscar un bocadillo si no me he traído uno de casa y vuelvo al camerino a repasar las frases de la escena siguiente... me gusta repasar las cosas justo antes de salir, así las tengo más fresquitas. Se puede decir que canto la ópera mínimo dos veces: una en el camerino y otra con la orquesta.
En la pausa doy cuenta del bocadillo. Cuando era más jovencilla no lo necesitaba, los roles eran más ligeros y con la coca-cola tenía suficiente, pero con óperas como Masnadieri, Faust, Königskinder, Dialogues, Boccanegra.... ¡hay que reponer hidratos y proteínas!
La pausa SIEMPRE es demasiado corta. Visita al baño, retocar maquillaje y peluquería, cambiarse de vestuario, repasar la segunda parte, alguna visita que tengas.... ¡me causa más estrés la pausa que la función! 
A veces el rol que cantas tiene muchos ratos muertos en el camerino; en esos casos ocupas el tiempo o bien quedándote en escena a ver a tus colegas, o en el camerino haciendo algo. Yo suelo quedarme en el camerino. No puedo leer, pues cuando leo me vuelvo sorda y no me entero si me llaman a escena, así que hago labores; punto de cruz, patchwork, o juego con los zombies y las plantas o con los angry birds. Cantar demasiado en el camerino tampoco es bueno, así que una vez repasado lo próximo a cantar en escena prefiero coser, da mucha paz y es creativo. 
En algunos camerinos hay tentadores sofás o divanes o chaise-longes, ¡incluso camitas plegables! Yo los evito, proponen un relajo prematuro... las segundas partes en general son muy potentes y hay que estar en pleno uso de energía y a tope de motivación, un ratito tumbada le daría el mensaje incorrecto a mi cerebro. 
Este es el motivo por el que los cantantes somos dormilones. Se supone que hemos de dar lo mejor de nuestra capacidad en las horas en las que ya ha oscurecido y el cuerpo y el cerebro se preparan para la noche bombardeando de Melatonina al cuerpo. Los biorritmos están en fase descendente. Así que hemos de desplazar la jornada unas cuantas horas para contrarrestar los efectos de nuestro reloj biológico. 
Hemos pasado semanas ensayando por las mañanas, y terminando por las tardes precisamente a la hora a la que empieza la función. Y en 24 horas hay que darle la vuelta a la tortilla. Si además estás cantando una ópera mientras ensayas otra (algo muy común en los teatros de repertorio) la cosa se hace doblemente difícil; a ver, situarse: has terminado la función a media noche, atiendes a los posibles amigos que hayan venido a verte, cambiate, desmaquíllate, dúchate y firma algunos autógrafos, a veces hay cena tras la función, a veces no, así que al llegar a casa comes alguna cosilla... te acuestas y te habrás quedado dormido más o menos tarde y antes de que el cuerpo haya descansado lo necesario (y justo) debes ponerte el despertador para estar a tope en el ensayo de las 10.00 de la mañana siguiente.
Cantar y ensayar es un ejercicio agotador: es como correr. Es aeróbico, requiere una gran concentración que se debe repartir entre pensar cómo cantas y ponerte al servicio de tu director de escena y de tus colegas para avanzar en las escenas y hacer el mejor personaje posible. Es como un entrenamiento: cuanto mejor lo hagas, mejor será la función.
La vida del cantante de ópera es la de un atleta en todos los sentidos, en el físico y en el intelectual. ¡Claro que somos dormilones! ¡Jajajajaja! ¡Qué remedio!

Gracias por vuestro tiempo, ¡saludos!.